¡Mamá, cronométranos!
💧 Y, una vez más, las dos peques, con toda la competitividad que pudieron acumular desde que compartían espacio en mi barriga, cogieron aire con fuerza y metieron la cabeza bajo el agua mientras se agarraban al borde de la piscina.
1,
2,
3,
4,
5, …..
⏱️ ¡33 segundos! ¡Qué bien lo habéis hecho!
👏🏻 Lo que ellas no saben es que ya las había cronometrado y no habían pasado de 25 segundos. Mis palabras no eran un cumplido. Efectivamente, lo habían hecho mucho mejor.
Sin darme cuenta, he replicado el experimento de la fábrica Hawthorne Works: han mejorado por el mero hecho de saber que lo estaba midiendo.
“Lo que no se mide, no se puede mejorar”
Por tanto, para conseguir nuestros objetivos o mejorar aquello que queramos, es interesante pensar cómo lo vamos a medir, cómo lo vamos a gestionar.
🔍 Visibilidad: la medición nos proporciona información sobre cuál es nuestro punto de partida y cómo de lejos estamos del objetivo a conseguir.
📊 Datos como guía: nos sirve de guía para evaluar nuestro progreso. Realizando evaluaciones parciales, podemos reconocer el progreso.
⚙️ Realizar ajustes: La medición nos permite identificar tendencia, patrones y áreas de mejora para poder ajustar nuestra estrategia y seguir caminando en la dirección adecuada hacia nuestra meta.
💍 Motivación y compromiso: Cada avance nos impulsa a seguir y nos recuerda que estamos en el camino correcto.
🏆 Recompensa: Nos permite identificar cuándo hemos conseguido los objetivos intermedios y nuestras metas y premiarnos por ello.
Medir el primer paso para lograrlo. ¿Cuál es el área en la que estás trabajando actualmente para mejorar?
