El otro día, en una de esas conversaciones que empiezan con un “¿tienes cinco minutos?” y acaban con una tesis doctoral sobre la condición humana, me encontré con un tipo de esos que ya no se fabrican.
…la preocupación se convierte en una atmósfera gaseosa: envía mensajes llenos de dudas sin un atisbo de soluciones, ignora los indicadores que gritan «¡Atención!