—¿Pero qué te has hecho?
—Lo que haces tú cada dos meses.
—No deberías de intentar engañar de esa forma, las canas
te favorecen, te quedan bien.
—No me favorece que los entrevistadores miren mi melena blanca que les dice que soy mayor para el puesto. Me he quitado más de 10 años. ¿No sé por qué no te gusta que parezca más joven?
—No es que no me guste, es que me has sorprendido.
—A mí me ha sorprendido llevar casi dos años buscando trabajo y que tenga la sensación de que no importa la experiencia, sino la edad.
A punto de cumplir los 56, las dudas y los pensamientos negativos se apoderaban de mi mente.
Las pocas entrevistas eran un déjà vu, una repetición de dulces palabras, para no decirte que estás descartado.
Ahora estaba empoderado, mi pelo negro, sin canas, me había dado fuerzas renovadas, como a Hércules.
En momentos difíciles, de necesidad, es cuando, a veces, surgen ideas diferentes.
Las entrevistas eran golpes de los que cada vez me costaba más recuperarme.
Las preparaba y utilizaba 10 directrices para causar buena impresión:
- Sonreír
Hacer un esfuerzo consciente por sonreír cuando te presenten por primera vez, cuando te despidas y con regularidad a lo largo de la entrevista. - Estrechar la mano
Siempre ser el primero en extender la mano para dar un apretón firme y saludar al entrevistador. - Mantener el contacto visual
Establecer y mantener el contacto visual durante la reunión. Demasiado contacto visual es claramente desagradable, hay que desviar la mirada con regularidad, pero mantener ese contacto. - Recordar el nombre del entrevistador y utilizarlo a menudo.
Es un viejo truco que utilizan los políticos para establecer una buena relación con los periodistas que les entrevistan, y es sorprendentemente eficaz. - Crear un diálogo 50/50
Crear un diálogo 50/50 en el que escuchar tanto como hablar y no dejar todas tus preguntas para el final de la reunión. Demostrar que estoy interesado y escuchando. - Tu entrevistador es también humano
Ayuda a tu cerebro a poner las cosas en perspectiva y a mantener los nervios a raya, recordando que tu entrevistador no es más que otro ser humano, que también puede sentirse ansioso. Esto me ayuda a romper las barreras. - Hacer que el entrevistador se sienta importante
Investigar sobre la empresa, el entrevistador y el puesto. Suelo llevar preguntas sobre la historia de la empresa - Reflejar el lenguaje corporal
La imitación es la forma más sincera de adulación, y reflejar el lenguaje corporal puede ayudar al entrevistador a imaginarse que trabajas con él. El reflejo puede ser cualquier cosa, desde la forma de hablar y el tono de voz hasta los gestos. Hacerlo con sutileza. - Ser memorable: Mostrar mi verdadero yo
No tener miedo de mostrar mi personalidad para que el entrevistador vea quién soy realmente. Responder con sinceridad y claridad. Un entrevistador experimentado puede detectar fácilmente los signos de un candidato que se esfuerza demasiado. - Seguimiento posterior
Tras la entrevista, enviar un correo electrónico, agradeciendo al entrevistador su tiempo y reiterando lo mucho que me ha gustado conocerle.
Con mis 10 mandamientos acudí a mi primera cita presencial (después de 2 videoconferencias)
Mi pelo negro me daba seguridad.
Llegué con 25 min de adelanto.
En la recepción de la multinacional, me atendió una encantadora mujer que me acompañó a una sala acogedora.
Sillones negros de cuero, plantas de interior muy cuidadas, un olor muy agradable a naturaleza, a cuero, a limpio, que amplió mi sonrisa interior.
En las paredes blancas a tono con el suelo de mármol, colgaban las fotos de las fábricas en varios países.
Eran diferentes, pero en el diseño se parecían.
Pensé que el mismo arquitecto había realizado todos los proyectos.
Cuando faltaban 10 min se abrió la puerta.
La misma encantadora mujer me sonrió y también lo hizo al joven que la acompañaba.
Tenía como mucho 35 años, parecía el empollón de clase, el que memoriza 15 decimales del número pi.
Mis temores regresaron, como si me hubieran cortado el pelo, la autoestima, y las fuerzas, como a Hércules, me habían abandonado.
Le miré a los ojos, pero apartó su mirada hacia su carpeta.
¿Por qué tenía tantos papeles? ¿Sobre qué trataban? ¿Serían de la empresa? ¿De dónde había conseguido tanta información?
Las dudas se agolpaban en mi cabeza.
Había cambiado las fotos de LinkedIn, pero en IG o Facebook podrían encontrar mi melena blanca, ¿mirarían IG?
Bueno, si se percatasen les diría que mi mujer me lo sugirió.
Todo queda registrado, tu vida es un escaparate en el que todo el mundo puede mirar.
Esta misma tarde me quitaría de todas las redes, excepto de LinkedIn, para encontrar trabajo.
En ese momento la mujer encantadora nombró a Enrique el empollón.
Si había llegado yo primero porque entraba él antes.
A los 10 min me presentaba en el despacho del entrevistador.
No me lo podía creer…
—Hola Juan, siéntate por favor, me llamo Javier ¿Te noto sorprendido?
—No, simplemente he tenido un Déjà vu.
—¿ahh sí? Y ¿te importaría contármelo?
—Pues tu cara y tu cabello blanco me han recordado al mejor profesor que tuve y que con su pasión por las matemáticas cambió mi vida para siempre, el profesor Cabanas.
— Qué interesante, ahora cuéntame más de ti…
La siguiente semana me hicieron un contrato por seis meses.
Ya llevo tres años feliz trabajando en esta multinacional, donde cada día me demuestran que lo primero y lo más importante son las personas.
Hace tiempo que he dejado de teñirme y hace seis meses en la jubilación de Javier no pude contenerme a preguntarle:
—Javier, si cuando nos conocimos hubiera aparecido con el pelo blanco como lo tengo ahora, ¿me hubieras contratado?
—Por supuesto, Juan, eras el mejor candidato.
Como decía Antoine de Saint-Exupéry en El Principito:
“Lo esencial es invisible a los ojos”
Solo nos convertimos en lo que somos a partir del rechazo total y profundo de aquello que los otros han hecho de nosotros, Jean-Paul Sartre.
