UN EJEMPLO DE SUPERACIÓN Y CORAJE

articuloTan solo tenía 18 años y aún recuerdo el sentimiento que surgió en mí al ver esa carrera.Aquel día aprendí que la motivación mueve montañas, que la fortaleza mental va más allá de la fuerza física y  que al que lo da todo por algo no se le puede pedir más.

Fue en las Olimpiadas de Barcelona 92: la semifinal de los 400 metros lisos.

Derek Redmond, talentoso velocista británico, después de haber tenido que retirarse en los Juegos de Seúl, y tras  haber sufrido varias lesiones y operaciones en su tendón de Aquiles, sufre un episodio que aún muchos recordamos.

Acreditaba la mejor marca de los atletas de aquella prueba.

Todo apuntaba a que Redmond pasaría sin grandes apuros a la final. Los nervios estaban a flor de piel. Se jugaba el esfuerzo de cuatro años de duro entrenamiento en un minuto.

El estadio de Montjuic  estaba abarrotado. Suena el pistoletazo de salida y todo transcurre según lo previsto. Corre por la calle número cinco con normalidad, era uno de los favoritos. Todo iba bien.

De repente,  cuando le quedaban unos 250 metros para llegar a la meta, el corredor siente un fuerte dolor en la corva de su pierna derecha que le deja totalmente paralizado. Cae al suelo. Mientras, el resto de atletas siguen corriendo hacia la meta.

Muerto de dolor, con un gesto de sufrimiento impresionante, ante el asombro de todos los espectadores, se levanta y empieza a caminar cojeando, casi tambaleándose hacia la línea de meta.

Un hombre mayor salta a la pista, burlado las medidas de seguridad, le coge del brazo y le ayuda a continuar. Juntos logran llegar hasta el final, juntos cruzan la meta. Era su padre.

“Juntos empezamos esta carrera y juntos teníamos que terminarla”

Para muchos, como para mí, ese día, aunque no llegara el primero, el ganador de la carrera fue Derek Redmond.

Ahora, cuando me encuentro con obstáculos en el camino, cuando el desaliento me puede, cuando me da por pensar que el esfuerzo no va a merecer la pena, me acuerdo de los Redmond cruzando juntos la línea de meta y parece que escucho el aplausos de aquellas 65.000 personas. Es entonces cuando me levanto y resurjo.

Si quieres, puedes. Todo esfuerzo al final tiene su recompensa.

 

Sobre nosotros Virginia Torija

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