¿Gestionamos el tiempo o nos gestionamos en el tiempo?

«El tiempo es el bien más democráticamente repartido en el mundo»

En nuestra vida diaria, todos enfrentamos un desafío común: la gestión del tiempo. Ya sea en el trabajo, en casa o en nuestras actividades personales, el tiempo es un recurso limitado y preciado que a menudo luchamos por administrar eficazmente. A menudo, nos encontramos atrapados entre las demandas inmediatas, las urgencias de otros y nuestras metas a largo plazo, preguntándonos cómo podemos ser más productivos.

Pero, ¿alguna vez te has preguntado qué hay detrás de nuestra relación con el tiempo y la productividad?

El cerebro y la gestión del tiempo

Nuestro cerebro influye en cómo percibimos y gestionamos el tiempo a través de una red de procesos cognitivos y emocionales.

Hay varios aspectos importantes que influyen en ese reloj interior que parece existe dentro de nuestro cerebro. Veamos varios ejemplos:

Imagina que has estado a punto de tener un accidente con el coche. Cuando cuentas ese momento a tu entorno, eres capaz de recordar lo que experimentaste con mucho detalle. Incluso, hay gente que puede utilizar frases como «parecía que el tiempo se hubiese detenido». Algunos estudios reflejan que:

  • La percepción del tiempo se basa en la cantidad de cosas que recordamos. Cuanto más recordamos, tenemos la sensación de que ha pasado mucho tiempo. ¿Recuerdas cuando te obligaban a echarte la siesta que parecía que transcurría la tarde entera?
  • El estrés, la ansiedad o la depresión ayudan a que pensemos que el tiempo pasa más lento.

Por tanto, estos factores pueden explicar porqué cuando estamos realizando una tarea que no nos motiva o nos genera emociones positivas, tenemos la sensación de que el tiempo pasa volando.

La batalla del cerebro

Uno de los desafíos más comunes en la gestión del tiempo es la procrastinación, o el arte de posponer tareas (has leído bien, arte por la creatividad que le echamos a la hora de poner excusas u otras tareas para retrasar el inicio de determinadas actividades). Este hábito está relacionado con la preferencia de recibir una gratificación inmediata frente a obtener una potencial recompensa futura.

Probablemente a lo largo de tu jornada laboral has pensado: «Voy tomarme un descanso y a consultar las Redes Sociales 5 minutos antes de meterme con este informe» y, cuando te has dado cuenta, ¡ha pasado media hora! (como poco). Esto está relacionado con que las RRSS activan ese sistema de recompensa corto-placista. Aunque seas consciente de que te conviene más realizar dicho informe, es más tentador recibir una gratificación inmediata.

Siendo conscientes de esto, podemos diseñar un sistema de recompensas a corto plazo para nosotros o nuestros equipos de manera que fijemos «metas volantes» cuando llevemos a cabo proyectos más a largo plazo.

La falacia de la planificación

¿Falacia? ¡Vaya palabra! Puede que te estés preguntando qué es esto con un nombre tan llamativo. Básicamente, es la tendencia que tenemos para subestimar el tiempo que vamos a necesitar para llevar a cabo una tarea. Sí. No somos buenos calculando cuánto tiempo tardamos en hacer las cosas.

¿Cuántas veces has calculado que vas a llegar a un sitio en 30 minutos y cuando pones la dirección en el navegador ves que, en el mejor de los casos, el trayecto te llevará 40 minutos?

Y es que el tiempo es una herramienta inventada por el hombre para poder «organizarnos», pero no existe en la naturaleza como tal.

Además, la estimación es subjetiva, es decir, a la hora de planificar, tenemos en cuenta determinados factores descartando otros en función de nuestra experiencia o creencias, pero puede que esto no se ajuste a la realidad.

Por tanto, un recurso sencillo para minimizar el efecto de la «falacia de la planificación» puede ser incrementar un porcentaje el tiempo estimado para la realización de una actividad en función de:

  1. La complejidad ejecutiva de la tarea.
  2. Nuestro conocimiento sobre ella.
  3. Nuestra propia motivación para llevarla a cabo
  4. Otros factores: te invito a indagar sobre aquellos factores que consideres puedan ser importantes en tu planificación para tenerlos en cuenta.

Conclusión

Comprender cómo funcionan los procesos cerebrales nos brinda la oportunidad de abordar los desafíos de cómo nos gestionamos en el tiempo de manera más efectiva.

 💡TIP de la semana💡

  • Establece Metas Claras y Realistas: puedes utilizar el método SMARTER.
  • Incrementa el tiempo previsto en tu planificación inicial en función de la dificultad de la tarea, tu conocimiento y tu motivación para llevarla a cabo.
  • Divide el objetivo en otros más pequeños que te permitan hacer balance de lo que vas consiguiendo.
  • Determina un sistema de recompensas más a corto plazo a medida que vayas consiguiendo determinados hitos.
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Acerca de Vanessa Mazuecos Fernández

Coach experta en Liderazgo, Transformación Digital y Gestión del Cambio, formadora y mentora con más de 20 años de experiencia en el área de ventas B2B, análisis financiero y gestión de equipos. Lidenciada en ADE; Executive Master en Digital Business; Master en Coaching; Experta en Inteligencia Emocional; Practitioner en PNL.

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