¿ERES DE PROPÓSITOS O DE METAS?

Durante las últimas semanas seguro que has reflexionado sobre los objetivos alcanzados en el año anterior. Seguramente te hayas percatado del fracaso de los mismos o, por lo menos, de la gran mayoría de ellos. No te preocupes, actualmente te encuentras como el 95% de los españoles por estas fechas. Como dice Carlos Bravo el 80% de nosotros no cumpliremos nuestros buenos propósitos.

Vivir-Con-Propósito1

Yo, adelantándome a la decepción que me llevaría en Diciembre de 2014 este año he pasado de hacerme propósitos (buenos o malos) de cara a este año. El problema de los mismos es que se basan en enunciados generales e ideales cualquier situación que queremos cambiar (porque claro, nunca nos proponemos mantener cosas o estados que ya tenemos)

Ejemplo típico de propósito navideño

Y si no me crees piensa en el siguiente ejemplo típico de propósito navideño:

“Voy a dejar de fumar”

Ok, perfecto. Muy loable la intención. Quizá uno de los propósitos estrella de todos los años (junto con el adelgazar, hacer más deporte y aprender el maldito inglés) Sin embargo, ya te digo yo que el 90% de los casos este propósito no se cumplirá. ¿Por qué? Porque un propósito carece de definición en si mismo. Piensa en el enunciado anterior. Ante la afirmación “voy a dejar de fumar” me asaltan las siguientes dudas: ¿Cuándo lo harás? ¿A principios del año, al final, antes del verano, después? ¿Cómo lo vas a dejar? ¿de golpe, poco a poco, con chicles, sin ellos?

Esa in definición no ayuda precisamente. No sabemos cuándo vamos a llevar a cabo la acción ni cómo. Y si alguno arranca el propósito, lo más probable es que se encuentre que el objetivo le va a costar más de lo que esperaba. Resultado: intento dejar de fumar, lo paso mal, reviso mi  propósito, como no tiene fecha inicio ni fin pospongo la tarea, el tiempo pasa, llegamos al  final de año y nos lo volvemos a proponer “de verdad, de verdad” para el año que viene.

De propósitos a metas

En lugar de ello es mejor ponerse metas. Reformular nuestros propósitos, convirtiéndolos en tareas con un inicio y un final. Si nos hubiésemos dicho:

“Voy a dejar de fumar en los próximos 3 meses con ayuda de chicles de nicotina”

Tendríamos un propósito realista, acotado en el tiempo, y con indicaciones de cómo vamos a conseguirlo. Por supuesto que una reformulación no conlleva al éxito pero sí a un mejor seguimiento de las tareas (objetivos) propuestos. Y si no me crees compara:

“Voy a perder peso” por “Mi objetivo es perder x kilos en tanto tiempo. Para ello debería hacer más ejercicio y comer mejor”

“Voy a hacer ejercicio” por “Voy a salir a correr todas las mañanas con el objetivo de poder correr en la próxima San Silvestre”

“Voy a aprender inglés” por “Mi meta es aprobar el examen del First por lo que deberé apuntarme a clases particulares de inglés”

Como ves, los buenos propósitos podemos hacerlos  realidad. Sólo hace falta acotarlos en el tiempo, dedicar unos minutos a plantear una estrategia para conseguirlos y poner de nuestra parte de una forma constante. Yo, como decía he cambiado este año propósitos por metas cuantificables. A ver si así soy capaz de sacar alguna adelante.

¡Feliz año!

Domingo de Lucas

Consultor de recursos humanos, buscadorde talento digital, experimentador de las todas las tendencias 2.0,...
Vamos, un tipo normal. Puedes conocerme mejor a través de mi blog RR(i)HH (www.rrihh.com)

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