🖼️ Hace más de un año, Ruth nos trajo de uno de sus viajes un puzzle con la imagen de “El Nacimiento de Venus”. Tiene 1000 piezas. Todo un reto para alguien que no ha hecho un puzzle en su vida.
¿Por qué no lo hacemos en familia? Podemos empezar esta tarde y poco a poco ir terminándolo.
Fue un pensamiento demasiado inocente.
🧩 Una vez que abrimos la caja y empezamos a buscar las esquinas, era como si una fuerza sobrenatural se hubiese apoderado de nosotros y no pudiésemos parar hasta colocar la siguiente pieza.
Pero la cosa no paraba ahí. Después de colocar una, necesitabas colocar la siguiente. Y la siguiente. Y una más.
🤷🏻♀️ No entiendo nada.
¡Si el puzzle llevaba más de un año en el cajón!
Era como si todos necesitásemos terminar de manera urgente esa tarea.
🤔 Me suena haber leído esto en algún sitio.
¡¡El efecto Zeiganik!!
Tenemos una tendencia natural a recordar aquellas tareas que no hemos terminado. Es decir, comenzar una actividad hace que esté presente en nuestra mente hasta que no la finalizamos.
Por tanto, el mero hecho de iniciar una tarea hace que nos resulte más sencillo continuar que si tenemos que empezar desde cero.
Y es que este efecto está más presente en nuestro día a día de lo que pensamos:
– cuando vemos una serie,
– cuando nos llama más la atención un slogan en forma de pregunta que si fuese una frase enunciativa,
– cuando juegas a determinados videojuegos y necesitas seguir pasando niveles,
– cuando no puedes parar de tararear una canción cuando has escuchado apenas unos acordes.
Por tanto, podemos utilizar este efecto a nuestro favor, ya que:
🔸 Nos permite mantener el enfoque.
🔸 Nos ayuda a perseverar en nuestra tarea.
🔸 Nos recuerda la importancia del cierre. Una tarea incompleta es un gasto de energía.
Así que, mi consejo de hoy para mejorar nuestra productividad es:
“La mejor forma de dejar de posponer tareas es empezarlas”
