Rodéate de Gente Competente, Consciente y Motivada

El fin de semana lo pasé con mis hermanos y nuestras parejas en Artà, ese rincón de Mallorca que combina serenidad y carácter: el Santuario de Sant Salvador vigilando desde lo alto; la arquitectura de piedra dorada —con portones de madera y contraventanas multicolores—; y los cafés con mesas en la calle, donde el tiempo se sirve en tazas pequeñas. Desayunamos ensaimadas y sobrasada —bendita herencia isleña— y luego paseamos por sus calles estrechas. Entre desayunos, cafés, vermús y paseos, las conversaciones iban desgranando memorias, aprendizajes y batallas de oficina. Mis hermanos, al igual que yo, llevamos años gestionando equipos y lidiando con todos los colores de la paleta humana. En un artículo anterior hablé de estilos de dirección; hoy, de capacidades y talantes, y de cómo ajustar el liderazgo al material humano.

El incompetente inconsciente (y motivado):

Es el que carece de capacidad pero desborda seguridad. Cree tener el mapa completo y, por eso, decide por todos, reescribe proyectos “a su manera” —en proporción directa a su desconocimiento— y después exige que los mismos colaboradores ejecuten lo que él ha desfigurado. Cuando eres competente y consciente, ves brechas que comprometen el éxito y sientes que la responsabilidad del batacazo te caerá a ti… además de ver tu proyecto convertido en un clásico del pop pasado por el autotune del reguetón. Con este perfil, si te ve como amenaza, te poda la autoestima y las responsabilidades como quien deja un manzano en puro invierno. Consejo sincero: prepara un movimiento lateral o de salida. Si, en cambio, eres competente pero inseguro, lo llevarás mejor: él ya se encargó de recordarte que tú haces el trabajo de campo y que pensar —y decidir— es cosa suya; si sale mal, siempre quedará culpar a “la economía” o a “la volatilidad del mercado”.

El incompetente consciente (y prudente):

Sabe de sus límites y delega. Empodera, te reconoce el conocimiento y te abre pista. No es problemático; de hecho, si propones traer a un consultor, probablemente lo apruebe. El peaje: no aprenderás de él, y a veces te sentirás solo. Si eres competente, consciente y motivado, disfrutarás una autopista despejada: ideas que despegan, proyectos aprobados, presupuesto alineado. Si, por el contrario, te cuesta decidir y necesitas su refuerzo, detectará falta de solvencia y tu silla empezará a tambalearse. Fórmula de supervivencia: aférrate a lo que funciona, evita innovar en solitario y rodéate de un equipo competente, consciente y motivado al que delegar con claridad.

El competente inconsciente (y prudente):

Tiene talento, pero no calibra su propio tesoro. La inseguridad le empuja a pedir el mismo proyecto a varias personas para “contrastar”. Critica con tino —porque sabe—, pero duda de todo. Querrá cuadrar datos de Comercial y de Financiero como si fueran gemelos siameses, aunque nazcan de madres distintas. Resultado: parálisis por análisis, proyectos que mueren de inhalación, horas que no vuelven y confianza que se erosiona. Técnica recomendada: el método semilla. Antes de presentar formalmente un proyecto, conversa la idea para que la sienta propia: “como me pediste…”, “gracias a esta idea tuya…”, “el equipo cree que tu enfoque puede…”, y remata con “me gustaría desarrollar tus ideas sobre… ¿qué te parece?” …facilitará su aprobación. Si tú mismo eres competente pero inseguro, cuidado: si cada versión nueva del proyecto empeora su satisfacción, vuelve a la versión uno y reaplica la semilla; él la verá nueva, hecha “a partir de sus ideas”.

El competente consciente (y motivado):

Aprendes de él solo por compartir oxígeno en la misma sala. Ambicioso en el mejor sentido, se rodea de gente muy competente; exige mucho —tanto como a sí mismo—, pero no racanea recursos. Puedes preguntar, equivocarte con dignidad y crecer rápido. No tiene complejos: te da visibilidad y te potencia. Si estás con alguien así, es que tú también eres competente y consciente, enhorabuena: es la combinación que acelera el desarrollo profesional y convierte el trabajo en escuela y trampolín.

Dirigir es, en buena medida, leer bien a las personas y ajustar el modo de pilotar. Hay jefes de los que conviene aprender, otros de los que conviene protegerse, y algunos —los menos— con los que da gusto correr largas distancias. La brújula, al final, es simple: busca la compañía de los competentes, conscientes y motivados; cuida tu criterio cuando te toque lidiar con los que no lo son; y recuerda que, incluso en días de lluvia, una conversación honesta y un café caliente pueden ordenar la estrategia mejor que mil diapositivas.

Rodéate de gente competente, consciente y motivada. Y si además traen sobrasada o ensaimadas… que empiece la reunión.

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Acerca de Luis Ortiz

CEO y fundador de Nexum Consulting Solutions, con 20 años de experiencia en la dirección comercial, liderando equipos de venta de alto rendimiento en mercados B2B y B2C, gestionando múltiples canales de ventas, adaptando y optimizando la estrategia comercial en distintos contextos y sectores.

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