Y ¿DÓNDE ESTÁ CHENCHO?

Hemos perdido la Navidad. Hemos perdido el rumbo navideño. Perdemos un camino de sueños, magia, alegría, unión, buenos deseos, solidaridad, regalos, ilusión. Sí. Me cuesta escribir tantos conceptos positivos sin incluir algo pesimista, negativo, reacio, triste o de mal agüero. Vaya. Parece que me siento mejor con esta última línea. Pues, no. Hoy no toca. ¿Qué no te gusta la Navidad? Allá tú.

Estamos demasiado acostumbrados a que la Navidad despierte añoranzas, a que nos saturen con buenos deseos. Somos reacios a tener sueños, a buscar la magia escondida, a ser solidarios obligados o a que la alegría sea efímera como algunas amistades. Añoramos familiares presentes y ausentes. Vaya con la Navidad. Mejor apago y vámonos. No. Mejor, me esfuerzo y me quedo. Nada de salir huyendo. Mejor enfrentar. Siempre, enfrentar, inclusive cuando llegamos a la Navidad.

Si no tenemos, sacamos lo que quedó de ayer

En el transcurso de apenas cincuenta años, la película española La Gran Familia dirigida por Fernando Palacios no tiene sitio en las carteleras de cine y menos,  en nuestros hogares. Imposible trasladar su argumento y menos, su mensaje a la sociedad actual. El realismo que pretende ofertar se ha nublado con el reflejo de nuestra actualidad ¿Qué familia tiene hoy en día quince hijos y un único salario? ¿Quién deja más de diez hijos al cuidado de un abuelo en la Plaza Mayor? De verdad, ¿los niños están heredando la ilusión por los Reyes Magos? Pero ¿Quién es ese intruso llamado Papá Noel?

Tanto el director Fernando Palacios como los productores, Dibildos y Masó fueron auténticos pioneros a la hora de trasladar a España el realismo cinematográfico vigente ya en otros países europeos. Sin embargo, el género ha quedado obsoleto. Tan obsoleto como el mensaje de la Gran Familia. Pues, muero de envidia. Una obra maestra ¿obsoleta? Me rebelo. Su mensaje es el mensaje de Navidad. Su guion debería ser nuestro guion de Navidad.

La Navidad puede ser el resumen en blanco del año. Nada de pesimismos, tristezas, pérdidas, egoísmos, miedos, envidias. Y ¿si no tenemos? Lo buscamos. Sea lo que sea y que nos haga felices. Seamos amigos, seamos compañeros de trabajo, seamos familia. Los problemas se solucionan, las carencias se suplen. Hagamos una solidaridad anual, no puntual. Si das bueno, recibes mejor. No hay nada como probar.

Y ¿Dónde está Chencho?

Si una única frase traspasa pantalla y traspasa generaciones hay un motivo. “Chencho”, el pequeño perdido el día de Navidad en la Plaza Mayor de la película La gran familia es único. Y sin él, no hay familia, no hay Navidad.

“Chencho” es único, como únicos somos todos. Y en Navidad es cuando las ausencias duelen aún más si cabe. Pero no debemos crujir el cerebro con negatividad. Con intentar conseguir un imposible recuperando lo irrecuperable. Cuidado con los que están a tu lado y dejas de ver, comprender o querer porque pierdes tiempo pensando demasiado en tus ausencias personales o profesionales.

No hay nada mejor que mirar  a nuestro alrededor y decidir que la Navidad no es excusa para la tristeza. La Navidad es como una gran familia. Hay de todo y para todos pero si intentamos por un momento recuperar en la memoria sólo lo bueno, solo aquello que nos hace sonreír, solo aquello que nos da una porción de felicidad sincera es más que suficiente.

Suficiente con recuperar una foto impresa en color sepia, con recordar un sabor a turrón, uvas y cordero, todo ahí bien mezclado. Suficiente con compartir un recuerdo de juguetes sin usar, de memorizar unas campanadas lejos de tu país, lejos de los tuyos pero con la idea firme de volver a casa muy pronto. Suficiente con contar una pillada de tus hijos con los regalos sin empaquetar o reconocer ese olor intenso a lombarda imposible de digerir. Piensa. Memoriza. La Navidad no es tan mala. No digas que no te gusta la Navidad. La Navidad es como todo. A veces, gusta, a veces disgusta. Pero haz un intento, por si este año toca el Me Gusta.

Sonia Salmerón

Sonia Salmerón

Licenciada en Ciencias de lnformación. (Periodismo) UCM.
Doctorado en Lenguajes , tradiciones y modelos de comunicación.
Redactora en medios de comunicación (prensa, radio, televisión)
Sonia Salmerón

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Licenciada en Ciencias de lnformación. (Periodismo) UCM. Doctorado en Lenguajes , tradiciones y modelos de comunicación. Redactora en medios de comunicación (prensa, radio, televisión)

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