Feliz Navidad, ¡Patrañas!

    “El lugar, Londres, la fecha, 1843, la temporada, de felicidad, festividad y caridad. Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Así comienza la adaptación animada de Richard Williams para la obra A Christmas Carol (Cuento de Navidad, El cántico de Navidad o Canción de Navidad) del escritor y novelista inglés Charles Dickens.

Una adaptación que marcaba la infancia de aquellos niños de los años  ochenta que encontraron en la televisión una primera referencia literaria. Curioso, ¿verdad? Y, que, además, obtuvieron una primera  mención al escritor que resolvió la Navidad otorgándole un reconocimiento que no debiéramos olvidar.

“Déjame que mantenga la Navidad a mi modo, mantenla tú al tuyo”

Cuando Ebenezer Scrooge recibe la visita de su jovial sobrino para invitarle a disfrutar de una cena navideña, conocemos de inmediato su agrio carácter. Desea hervir en su jugo y clavar una estaca en el corazón a aquellos que disfrutan de estas fechas. Ebenezer trabaja todos los días sin festivos y hace que su empleado siga su ejemplo. Un ejemplo que también mantenía el socio de Ebenezer, fallecido hace siete años y que esa misma noche se encargará de advertirle que ha llegado su segunda oportunidad de vida. El socio fallecido es ahora un ánima sin descanso encadenado a su ambición, avaricia y desprecio por los demás. Es un alma trastornada cuyas riquezas en vida, cuyos negocios turbios le han llevado a un sufrimiento sin retorno. Ahora sólo pretenden que su amigo conozca, reconozca su equivocación y solucione su final apartando la angustia, el camino de dolor en el que se halla sumido. Llega la hora de la visita de los fantasmas del pasado, presente y futuro. Llega la hora de tomar conciencia para Ebenezer Scrooge.

Un niño solitario rechazado por sus amigos

Durante la visita del primer fantasma, conocemos la infancia de Ebenezer, un niño solitario, rechazado por sus amigos. Más tarde, comprobamos cómo se ha convertido en un joven aprendiz que disfruta en una fiesta pero que de inmediato es incapaz de reconocer el esfuerzo de su humilde jefe por repartir con sus empleados los beneficios organizando dicha celebración, celebración de Navidad.

El protagonista de la novela de Dickens es un joven temeroso del mundo, cuya ambición encubre su pasión. El combinado es pésimo, es corrosivo: soledad, rechazo, ambición, incapacidad por reconocer esfuerzos de los que nos rodean, quieren, cuidan.

Desde pequeño ha estado fabricando su propio caparazón para protegerse de los buenos sentimientos, la buena disposición, los valores como la bondad o la generosidad. Desconfiado, no quiere que le lastimen y sustituye ambición y riqueza por bondad y pobreza. Si eres pobre no tienes derecho a ser feliz. Se hará rico Entonces, ¿Por qué no es feliz?

Jamás he visto tu luz en mi vida

La visita del segundo espíritu, el espíritu del presente, es la revelación de que la pobreza y la felicidad pueden encajar, a pesar que nuestro protagonista jamás hay visto la luz del presente en su vida. Así lo demuestra la familia del empleado de Ebenezer Scrooge con el pequeño Timothy enfermo y dichoso, también el sobrino de Ebenezer, su mujer y familiares o los sectores más desfavorecidos como mineros, marineros o fareros. Una representación de la pobreza laboral y riqueza de ánimo. Dickens en su novela y Richard Miller en esta adaptación de dibujos animados refuerzan que la ignorancia y la necesidad son males destacables de la humanidad. Las riquezas no son necesarias, las ambiciones, tampoco. Será necesario enfrentar la ignorancia de aquellos que no conocen los valores, los buenos valores de la vida, la felicidad, la armonía, la paz, la generosidad, el agradecimiento, la ausencia de mentira, la verdad de la amistad, el compromiso de la familia, de nuestra familia.

La Navidad es momento de agradecer aunque no sean bienes materiales. Sí, de verdad. Es momento de recordar a los que no están porque no quieren o no pueden. Algunos prefieren la soledad o un lugar de felicidad fingida. Allá ellos.

La Navidad es familia, hogar, recuerdos, infancia sin rencores, ilusiones, sueños, trasparencia de sentimientos, calor de pareja, amistad sin resquemores. No hablamos, de comilonas, ni gastos excesivos a plazos o contado. No hablamos de regalos tecnológicos o resacas de gastos y comidas abundantes. Demasiado almibarado. Puede. Pero es lo que tiene querer vivir un presente próspero, es lo que tiene querer vivir.

“Fantasma del futuro, te tengo más miedo que a ninguno”

¿Hay algo peor que festejen nuestra muerte? Sí. Que asistas a la fiesta. ¿Hay algo peor que roben a un muerto en su lecho mortuorio? Sí. Que el fallecido pueda comprobar los bienes que se llevan de su  desocupado hogar. Scrooge observará estos crueles detalles y será en ese momento de la visita del fantasma del futuro cuando suplique ternura, pida cambiar y confirme que acaba de aprender la lección. Acaba de aceptar su segunda oportunidad.

Dichoso, despierta el día de Navidad y reconoce la belleza en el pomo de una puerta, saluda alegremente a todo el que pasa por la calle, pide perdón y envía regalos anónimos. Por sorpresa cumple su palabra y por sorpresa, se convierte en el mejor defensor de la Navidad, del tiempo de Navidad. Mejor dicho, no es de la Navidad, es de la vida, de la oportunidad de vivir.

La Navidad es sinónimo de reflexión para valorar y valorarnos, de recomponer la necesidad de ambición y hasta avaricia, de alejarse de envidias y amarguras de corazón. Es el momento de actuar con afabilidad, fe, misericordia, condescendencia, abnegación. De mostrar simbiosis con el desfavorecido. No hay que alejarse de los Ebenezer Scrooge. Mejor es hacerles ver su error; mejor es hacer ver nuestro error y encontrar la segunda oportunidad si todavía estamos a tiempo.

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Sobre nosotros : Sonia Salmerón

Licenciada en Ciencias de lnformación. (Periodismo) UCM. Doctorado en Lenguajes , tradiciones y modelos de comunicación. Redactora en medios de comunicación (prensa, radio, televisión)

3 comentarios

  1. Navidad es amor, así de simple, cuando amamos a los demás y a nosotros mismos, somos capaces de perdonarnos y por extensión a los demás, conocemos el significado de NAVIDAD, muy lejos de este mundo trepidante en el que vivimos.
    Para mí son Navidades especiales porque he conocidos a jóvenes en exclusión que me han enseñado o me han obligado a recordar lo que es la Navidad. Gracias

  2. Navidad es todos los días. Cada día es un nuevo día con muchas experiencias nuevas y maravillosas. Lo pasado pisado y no se puede cambiar, pero si podemos cambiar nuestra manera de pensar en el. Es tontería que nos castiguemos en el presente porque alguien nos hizo sufrir en un remoto pasado, perdonar es liberarnos a nosotros mismos. La “gratitud” es la emoción que se lleva el miedo, el estrés, es Abundante y es valiente.

    Muchas gracias y Felices Fiestas, Saludos!!!

  3. Fantástico artículo. Debemos parar unos minutos de nuestra estresante vida para recapacitar. Dar gracias por lo que tenemos, un mundo maravilloso del que poder disfrutar a diario, miles de oportunidades para ser feliz y sobretodo poder disfrutar de nuestra familia, nuestros hijos, los que nos rodean cada día.
    Sonreír, ser amable, educado, eso no cuesta dinero y aporta felicidad a los que conviven con nosotros y la vida se encargará de devolvernos esas mismas cosas.
    Gracias Sonia Salmerón

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